No sé si conocerán muchos casos como el mío (muchos enfermos como yo, dirían algunos), pero este blog lo abro porque siento la necesidad de contar un polvo. Sí, como lo oyen, necesito contar un polvo. Es como el chiste aquel de Claudia Schiffer en una isla desierta: en algunos casos es tan importante (o más) contar lo que se ha hecho que hacerlo en sí.

Bueno, pues voy al grano: ayer estuve follando desde las 12:00 hasta las 0:30 de esta madrugada. Hubo pausas, por supuesto, paramos para comer (no así para cenar), de vez en cuando paseábamos por la casa, exhibiendo nuestra desnudez o tapándonos mínimamente. Conversamos mucho, en la cama, en la cocina, en el sofá, mientras reposábamos. Pero también hubo larguísimos silencios, jadeos, mordiscos...

Ella se corrió más de 15 veces (me da igual que no se lo crean, carajo, fue así y ya está). Yo me corrí tres. Y, como comprenderán, esto tenía que contarlo. Ya sé que para algunos no será extraordinario, pero yo había llegado a este extremo nunca en la vida. Y, por supuesto, me propongo repetir.